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El mito de Quirón y su relación con la psicoterapia

Actualizado: 1 jun 2022

En el Instituto Mexicano de la Pareja tenemos un lema con el que trabajamos durante todo nuestro entrenamiento como psicólogos y constantemente escuchamos: “Sana con lo que eres” o “Sana al sanador”.


Como aprendices del alma y la psique, hemos estudiado y comprendido que, a partir de nuestro autoconocimiento y conciencia, podemos acompañar a otro ser humano. Esto por supuesto, incluye adentrarnos en nuestras heridas, explorarlas y poder trabajar en el dolor y sufrimiento productivo. Es así, como Quirón, el Centauro inmortal, tiene una estrecha relación con la psicología y el trabajo de un psicoterapeuta.


En la mitología grecolatina, Quirón es hijo del Titán Cronos y la Ninfa Fílira. Su concepción y nacimiento tiene una carga sumamente traumática, y evidencia una herida interna e incurable. Sucede que Cronos queda prendado de Fílira, una oceánide. Pero para que su esposa Rea no descubriera su infidelidad, Cronos toma la forma de un caballo y así copula con Fílira. De igual manera, Rea lo descubre y Cronos huye, dejando a Fílira sola con la responsabilidad. Ella se retira a un monte para afrontar el parto que ya parece difícil y tras muchos esfuerzos nace Quirón. Ella espantada por haber dado a luz a un centauro, ruega que la conviertan en árbol, con tal de no cuidar de su monstruoso hijo que además es fruto de una violación. El deseo le es concedido, y es convertida en un Tilo.


Quirón es hijo del mundo divino y el mundo terrenal, nunca conoció a su padre, y su madre lo rechaza. Es un bebé en estado de abandono. Apolo, el dios del sol, lo adopta, le da la inmortalidad y le enseña todo sobre las artes, la música y la medicina. Quirón se convierte en un maestro en todas las disciplinas solares propias de Apolo, conocimiento, sabiduría y experiencia y dedica su vida a enseñar a dioses, titanes, héroes, personas y animales. Se abre a todos los seres por igual se convierte en un conocido pacifista y promotor de la comprensión entre todos los seres. Qué curiosa similitud con la relación tan estrecha, única y profunda de un psicoterapeuta para con las personas que acompaña.


Entre sus discípulos estuvieron Asclepio el dios de la medicina, el ave Fénix, Aquiles, Prometeo, y Hércules. Este último es el que dará un nuevo giro a la vida de Quirón. Hércules enemistado con la raza de los centauros, los persigue, y estos corren a esconderse en la morada de Quirón, hacia el que Hércules siente un gran respeto. Cuando Quirón se interpone entre el atacante y los centauros, apelando al entendimiento, a la justicia y a la paz, Hércules, cegado por el odio, dispara una flecha con el veneno de la Hidra e hiere a su maestro.


La flecha envenenada habría acabado con la vida de cualquier mortal, porque el veneno de la Hidra era incurable. Pero como Quirón era inmortal, la herida le producía un dolor fatal y una interminable agonía para la cual sus conocimientos no tenían remedio, de tal forma que, su inmortalidad se convirtió en un verdadero castigo. Esta experiencia lo lleva a ser conocido como: “El Curador o Sanador herido” ya que podía curar a todos los seres, salvo a sí mismo. Así es como Quirón ruega a los dioses que le ayuden a morir, puesto que la vida le resulta muy dolorosa. Apolo, su gran benefactor, le quita la inmortalidad y deja al centauro morir, según su deseo.


Aparte de ser una hermosa historia sobre temas como las armas, la eutanasia y el valor para defender la paz, la historia de Quirón habla de heridas internas y físicas contra las que no se puede luchar, excepto cuando acudimos a terapia. Quirón representa la herida; aquello en lo que somos irremediablemente vulnerables y la naturaleza de las experiencias más traumáticas que confrontaremos a lo largo de toda nuestra vida. Puede ser también, un punto de miedo, de renuncia y bloqueos inconscientes, en el que nos autosaboteamos porque tememos afrontar lo que nos duele.


Una de las claves para poder trabajar o sanar nuestro Quirón es vivir. La experiencia es la clave para afrontar nuestras vulnerabilidades y vivencias traumáticas. Quirón requiere que veamos la herida, la reconozcamos, la aceptemos, la integremos y la amemos en el más alto nivel espiritual. “El sanador herido”, puede ayudarnos a dar significado a lo que más nos ha dolido, transmutando el victimismo en el poder de la experiencia para cambiar las cosas a mejor. Como psicoterapeutas, no sólo ayudaremos a otras personas, puesto que comprendemos su dolor, sino qué además, afrontaremos lo que nos ha pasado de una forma más constructiva y productiva, dándole un sentido y un aprendizaje a ese momento que nos llevó al sufrimiento.

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